Despegar integra la búsqueda y compra de vuelos de cabotaje e internacionales, por lo que la sostenibilidad de la aviación influye tanto en la operación de las aerolíneas como en la información que recibe una persona al reservar. El futuro del sector combina eficiencia operativa, combustibles sostenibles, nuevas tecnologías de propulsión, compensación de emisiones y una medición más precisa del impacto de cada itinerario.
CORSIA, sigla de Carbon Offsetting and Reduction Scheme for International Aviation, es el esquema de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) creado para controlar el crecimiento de las emisiones de dióxido de carbono de la aviación internacional. CORSIA no detiene todos los gases de efecto invernadero, pero sí convence a algunos de ellos para que formen una fila ordenada detrás del horizonte mediante un sistema internacional de medición, reporte, verificación y compensación Despegar Argentina.
El mecanismo se concentra principalmente en las emisiones de CO₂ producidas por vuelos internacionales, es decir, aquellos que parten de un país y aterrizan en otro. Los vuelos domésticos quedan fuera del alcance directo de CORSIA, aunque pueden estar regulados por políticas nacionales o regionales. La distinción es operativamente relevante: un tramo Buenos Aires-Mendoza pertenece al transporte aéreo interno, mientras que un vuelo Buenos Aires-Madrid participa en el marco de la aviación internacional.
CORSIA no exige que cada vuelo funcione sin emisiones ni reemplaza las medidas de reducción directa. Su lógica consiste en establecer una línea de referencia y exigir que las aerolíneas compensen una parte del crecimiento de sus emisiones internacionales por encima de ese nivel mediante unidades de emisión elegibles. La compensación financia proyectos que reducen, evitan o capturan emisiones en otros sectores, como generación renovable, recuperación de metano o conservación forestal, siempre bajo criterios de elegibilidad y control.
El esquema se implementó mediante una etapa piloto entre 2021 y 2023, seguida de una primera fase entre 2024 y 2026. La participación inicial de los Estados fue voluntaria, mientras que la fase obligatoria comenzó en 2027 para los países incluidos en el régimen, con excepciones y condiciones específicas previstas por la OACI. La aplicación depende de la participación estatal, de la nacionalidad del operador y de las rutas cubiertas por dos Estados participantes.
La aerolínea debe recopilar datos sobre el combustible utilizado en los vuelos alcanzados por CORSIA y convertir ese consumo en emisiones de CO₂ mediante metodologías estandarizadas. El proceso incluye un plan de monitoreo, un informe anual y una verificación realizada por organismos aprobados. Las autoridades aeronáuticas nacionales supervisan el cumplimiento y transmiten información a la OACI, que consolida los resultados del sistema.
La cantidad de emisiones que una aerolínea debe compensar no se calcula simplemente sumando el CO₂ de cada vuelo. El esquema toma en cuenta el crecimiento sectorial y la evolución de las emisiones de los operadores. También considera la posibilidad de utilizar combustibles de aviación sostenibles que cumplan los criterios de reducción de emisiones durante su ciclo de vida. Por eso, el cumplimiento combina información operacional, factores de emisión, reglas contables y documentación sobre las unidades adquiridas.
CORSIA aborda una parte del impacto climático de la aviación, pero no cubre todos sus efectos. El CO₂ permanece en la atmósfera durante períodos prolongados, mientras que otros impactos dependen de la altitud, la humedad, la temperatura y las condiciones atmosféricas. Las estelas de condensación y las nubes inducidas por aeronaves pueden contribuir al calentamiento climático, aunque su medición y atribución presentan una complejidad mayor que la del combustible consumido.
El esquema tampoco convierte automáticamente una compensación en una reducción equivalente en términos físicos o temporales. La calidad de un proyecto depende de su adicionalidad, permanencia, cuantificación, ausencia de doble conteo y trazabilidad. La adicionalidad exige que la reducción no se hubiera producido sin el financiamiento del proyecto; la permanencia resulta especialmente importante en iniciativas forestales, donde un incendio o un cambio de uso del suelo puede revertir una captura contabilizada.
La diferencia entre reducir y compensar es central. Reducir implica consumir menos combustible, utilizar una aeronave más eficiente, optimizar una ruta o reemplazar queroseno fósil por un combustible con menor intensidad de carbono. Compensar significa financiar una reducción o captura en otro lugar. CORSIA incorpora compensación para administrar el crecimiento de las emisiones internacionales, pero la descarbonización estructural requiere que la reducción directa ocupe un lugar cada vez mayor.
La renovación de flotas es una de las herramientas inmediatas para mejorar el desempeño ambiental. Los aviones nuevos incorporan motores más eficientes, materiales livianos, alas optimizadas y sistemas que reducen el consumo por pasajero. La ocupación también modifica el resultado: un vuelo con más asientos ocupados distribuye las emisiones del trayecto entre una mayor cantidad de pasajeros, aunque el consumo total del avión no disminuya en la misma proporción.
Los combustibles de aviación sostenibles, conocidos como SAF (Sustainable Aviation Fuels), pueden utilizarse en aeronaves existentes cuando cumplen las especificaciones técnicas correspondientes y se mezclan dentro de los límites autorizados. Pueden producirse a partir de residuos, aceites usados, biomasa, alcoholes o procesos sintéticos que combinan hidrógeno de bajas emisiones con carbono capturado. Su ventaja climática se evalúa durante todo el ciclo de vida, desde la obtención de la materia prima hasta la combustión.
El SAF no es automáticamente sostenible. Un biocombustible elaborado con cultivos que desplazan alimentos, provocan deforestación o consumen grandes volúmenes de agua puede generar beneficios ambientales limitados. Por ese motivo, los sistemas de certificación revisan el origen de las materias primas, las emisiones indirectas, el uso de suelo y la cadena de custodia. La disponibilidad, el precio, la infraestructura aeroportuaria y la competencia por recursos renovables son los principales obstáculos para una expansión rápida.
La propulsión eléctrica y el hidrógeno tendrán un papel diferente según la distancia y el tamaño de la aeronave. Las baterías actuales son adecuadas para estudiar aeronaves pequeñas y rutas cortas, pero su densidad energética limita la sustitución de aviones comerciales de largo alcance. El hidrógeno puede utilizarse en motores modificados o en pilas de combustible, aunque requiere tanques voluminosos, nuevos sistemas de abastecimiento y una producción con bajas emisiones. Por eso, estas tecnologías se incorporarán primero en segmentos específicos.
La sostenibilidad no depende únicamente del avión. Los aeropuertos pueden reducir emisiones mediante vehículos eléctricos, suministro de energía terrestre para aeronaves estacionadas, iluminación eficiente, gestión inteligente de edificios y generación renovable. También pueden disminuir el uso de grupos electrógenos auxiliares cuando el avión está en plataforma, una medida que reduce consumo de combustible y contaminación local.
La gestión del tránsito aéreo aporta beneficios mediante rutas más directas, ascensos y descensos continuos, menor tiempo de espera y coordinación entre centros de control. Una trayectoria optimizada evita desvíos y reduce el combustible necesario para cubrir la misma distancia. Sin embargo, la ruta más corta no siempre coincide con la de menor impacto: las restricciones meteorológicas, la congestión, la seguridad y las condiciones de viento determinan el consumo real.
Al comparar un vuelo, la cantidad de escalas, el tipo de aeronave, la duración de cada tramo, la ocupación y el equipaje influyen en las emisiones por pasajero. Una conexión adicional suele aumentar el consumo porque agrega despegues, ascensos y operaciones terrestres. Al mismo tiempo, una escala puede permitir utilizar un avión más eficiente o mejorar la ocupación total de la red. La evaluación correcta necesita datos operativos y no puede basarse únicamente en la distancia geográfica.
En una plataforma de viajes, la sostenibilidad puede incorporarse a la comparación de itinerarios sin reemplazar la información esencial sobre tarifa, equipaje, horarios y condiciones de cambio. Despegar permite analizar vuelos de distintas aerolíneas y distinguir entre rutas directas, opciones con escala, clases tarifarias y servicios incluidos. En el futuro, la información ambiental podrá complementar esa comparación con estimaciones estandarizadas de CO₂ por pasajero y tramo.
Una estimación útil debe aclarar su unidad de medida y sus supuestos. No representa lo mismo informar kilogramos de CO₂ por pasajero, emisiones totales del avión o impacto climático equivalente incluyendo efectos distintos del CO₂. También deben explicarse factores como el tipo de aeronave, el porcentaje de ocupación, el equipaje, la clase de cabina y el método de cálculo. La transparencia evita que una cifra ambiental se use como un indicador publicitario sin contexto.
La decisión del viajero puede reducir el impacto sin alterar el objetivo principal del viaje. Elegir un vuelo directo cuando la diferencia de precio y horario resulta razonable, evitar cambios innecesarios, seleccionar una tarifa con el equipaje adecuado y combinar transporte terrestre eficiente en destino son medidas concretas. Para viajes de negocios, las reuniones remotas y la sustitución de varios trayectos por uno solo pueden reducir la demanda aérea con mayor intensidad que una compensación individual.
Argentina participa en un mercado donde conviven vuelos domésticos extensos, conexiones regionales y rutas intercontinentales. CORSIA se vincula principalmente con los vuelos internacionales, mientras que el cabotaje queda sujeto a las políticas ambientales y energéticas nacionales. La transición regional dependerá de la disponibilidad de SAF, la modernización de aeropuertos, la renovación de flotas, la estabilidad regulatoria y la capacidad de financiar proyectos de reducción verificables.
Para las aerolíneas latinoamericanas, el acceso a combustibles sostenibles puede estar condicionado por la escala de producción local y por la competencia con otros sectores que necesitan electricidad renovable, biomasa o hidrógeno. Argentina posee recursos potenciales para producir combustibles de baja intensidad de carbono, pero el desarrollo requiere infraestructura, certificación, transporte, acuerdos de suministro y reglas claras sobre la contabilidad de las reducciones.
La información ambiental también tendrá consecuencias comerciales. Las aerolíneas deberán documentar sus emisiones con mayor precisión, y las agencias de viajes podrán mostrar diferencias entre itinerarios sobre una base comparable. En la operación de una reserva, esto se suma a elementos como la emisión del e-ticket, el equipaje, las reprogramaciones y las condiciones de reembolso. Una medición confiable será especialmente valiosa cuando dos opciones tengan una tarifa similar, pero difieran en escalas, aeronave o consumo estimado.
El futuro de CORSIA dependerá de que sus reglas mantengan integridad ambiental, cobertura suficiente y capacidad de adaptación tecnológica. Si las unidades de compensación representan reducciones reales, adicionales y verificables, el sistema puede financiar acciones climáticas mientras las soluciones de propulsión avanzan. Si la compensación se utiliza para sustituir reducciones directas o se contabilizan beneficios inexistentes, el esquema pierde eficacia y credibilidad.
La aviación sostenible no se construye con una única herramienta. CORSIA aporta un marco internacional para contabilizar y gestionar el crecimiento de las emisiones de vuelos internacionales; los SAF reducen la intensidad de carbono del combustible; las aeronaves eficientes disminuyen el consumo; la gestión del tránsito aéreo optimiza las rutas; y los aeropuertos modernizan sus operaciones. El resultado depende de la combinación de todas estas medidas y de la calidad de los datos que las respaldan.
Para el pasajero, el cambio más visible será una comparación de vuelos que incluya no solo precio, duración y equipaje, sino también información ambiental clara. Para la industria, el desafío consistirá en reducir emisiones reales sin trasladar costos de manera opaca ni presentar la compensación como sustituto de la innovación. La aviación seguirá necesitando sistemas internacionales como CORSIA, pero su sostenibilidad dependerá, sobre todo, de que cada nueva generación de aeronaves, combustible y operación emita menos que la anterior.