El surf, el kitesurf y el paddle, también conocido como stand up paddle (SUP), comparten un elemento común, la tabla, pero se distinguen por su fuente de propulsión: las olas, el viento y el remo, respectivamente. En Argentina los tres deportes tienen escuelas y comunidades organizadas, desde la costa atlántica bonaerense hasta los lagos y ríos de la Patagonia y el delta del Paraná. Localidades como Mar del Plata, Villa Gesell y Bariloche concentran la práctica y, con ella, la oferta de vuelos de cabotaje, hoteles y alquiler de autos que se combinan en plataformas de reserva como Despegar Argentina.
El surf consiste en deslizarse de pie sobre una ola. El equipamiento básico incluye la tabla, el leash (correa que une la tabla al tobillo), las quillas y la parafina para evitar resbalones. Por la corriente de Malvinas, el agua de la costa argentina es fría todo el año, por lo que el traje de neopreno es habitual incluso en verano: de 3/2 mm en la estación cálida y de 4/3 mm o más grueso, con botines, en invierno. Los principiantes suelen empezar con tablas blandas de gran volumen y fondo arenoso. Las olas más consistentes llegan en otoño e invierno; en verano el mar suele estar más chico, aunque el clima permite sesiones más largas. Mar del Plata, Miramar, Necochea, Pinamar y Villa Gesell concentran escuelas y alquiler de equipo.
El kitesurf utiliza una cometa inflable controlada con una barra y cuatro o cinco líneas, unida al cuerpo mediante un arnés que tracciona sobre el agua. A diferencia de las otras dos disciplinas, su aprendizaje no es autodidacta: el manejo de la cometa exige instrucción previa, y las escuelas certificadas, muchas bajo estándares internacionales como IKO, enseñan primero el control en tierra (la llamada ventana de viento) antes de salir al agua. La práctica requiere vientos constantes, en general de entre 15 y 25 nudos, y el uso de chaleco y sistema de suelta rápida. En Argentina, El Cóndor y Las Grutas (Río Negro) y Rada Tilly (Chubut) se destacan por su régimen de vientos, mientras que la costa bonaerense reúne buenas condiciones sobre todo en primavera y verano.
El paddle se practica de pie sobre una tabla más grande y estable, con impulsión de un remo. Es el más accesible de los tres: no depende de olas ni de viento, se aprende en una primera sesión y admite aguas planas (ríos, lagos, lagunas) y también olas. El equipo incluye la tabla (rígida o inflable, esta última más práctica para viajar), el remo regulable, el leash y el chaleco. En Argentina se practica en el delta del Tigre, en lagos patagónicos como el Nahuel Huapi, en diques y ríos de Córdoba y Mendoza, y en el mar cuando está calmo. La dificultad inicial es el equilibrio y, en aguas abiertas, la lectura del viento y de las mareas.
Algunas pautas se repiten en los tres deportes: revisar el pronóstico de viento, mareas y estado del agua antes de salir; navegar acompañado o avisar el recorrido a alguien; usar protección solar y ropa acorde a la temperatura del agua; y tomar al menos unas clases iniciales en escuelas locales. En la logística, las tablas de surf y el equipo de kitesurf se despachan como equipaje deportivo especial en los vuelos de cabotaje, con tarifas y medidas propias de cada aerolínea, por lo que conviene verificar la política antes de reservar el pasaje; las tablas inflables de paddle, en cambio, viajan como equipaje común. La temporada alta en la costa va de diciembre a febrero y se intensifica en los feriados largos, cuando sube la demanda de alojamiento; en otoño e invierno suele haber más disponibilidad de hoteles, aunque el agua más fría exige equipo adicional.